Testimonio de José Antonio, afectado y miembro de STOP DESAHUCIOS

Queremos compartir con todas las personas que nos leéis esta carta de uno de los compañeros de la plataforma, José Antonio Ruíz.

José Antonio RuízTodas las noches eran tristes. Recibí una carta, me habían desahuciado. Pensé en mi casa, mi salón, los dormitorios de mis hijos, la familia, los niños, la escuela, las penas.

Ahora no hay nada de eso, sólo quedaron las penas de esos seres queridos por nuestra pobreza.

Llegó el día en que decidimos indignarnos, en que dejamos de creer en este gobierno abusivo y sus jefes los bancos.

En estos momentos de reflexión que hubiera deseado que llegaran antes, previos a la furia y el ardor, nos tendieron su mano esa gran familia que es STOP DESAHUCIOS, con ellos marchamos, caminamos, gritamos, nos indignamos, nos tomamos de la mano y sólo con la emoción y la humildad queremos hacernos escuchar. Ahí, mi mujer y mis hijos gritando, éramos un solo gemido, pequeño para todos, pero nosotros mordíamos el aire con el coraje corroído en nuestros ojos.  Otros días, en medio de un grupo, organizando la siguiente acción en un evento público.

Ya algunos meses habían pasado, ya muchas amenazas sonaron a nuestros teléfonos.

Mi mujer;  ella me ayuda, ambos nos miramos, cabizbajos, ambos hambrientos de amistad. Los dos vemos a la gente pasar, sus caras son de asustados. Sus ojos dicen todo en un segundo, gritan todo el miedo que los dejó en nuestra misma situación, pero siguen sin hacer nada, van en círculo, van por la ciudad en sus autos veloces, en sus paseos sin destino, en sus pensamientos que les cubren el vacio por el deseo de ser lo que eran.

Todos tienen la marca de la indiferencia, esa marca que nace en horas. Son un conglomerado de soledades, quizá tengan familia, quizá de por medio estén sus penas materializadas en papeles, llamadas amenazantes, placeres aparentemente imposibles. Pero no importa lo que un obrero fue. Creo que a algunos no les importa las penas que habitan a su lado, son una pena más, un detalle imperceptible de la diversidad de la vida.

El trabajo ya no está, sonreírle a mi vecino, escuchar a mi amigo y trabajar y sudar pensando en que disfrutaré una hermosa vida y saber que puedo ver un partido de fútbol y saber que mis hijos pudieron haber ingresado a la universidad y querer un buen futuro para mis nietos, que lleven en su más profundo ser un nombre de prestigio, una vida bien fácil, un éxito como su primer boletín de notas…etc… Sí, eso estaba ahí, en mi día a día.

Ahora le quitan todo a un hombre que, con su familia, carecía de redes donde sostener esta pena, pero la plataforma nos cuida y nosotros hacemos lo mismo con nuestros compañeros, o mejor dicho y lo digo con el corazón en la mano nuestra gran familia que es la plataforma STOP DESAHUCIOS, donde nos están tratando con respeto, educación, humildad y toda la solidaridad que una familia necesita para volver a sentirse persona. Nos cuidamos y esa pena no siempre estará, y no nos dábamos cuenta.

Ahora mi ciudad se hunde, la veo, en cada rostro donde ya ni la sierra la hace diferente. Pero no creo que le importe mucho al gobierno lo que un ex-obrero, un desempleado, un jubilado, o un pensionista, pueda decir o hacer.

Y ahora se puede decir muy alto quién hizo algo para salir de todo esto.

Puedes también pensar en las piezas de tu coche, en el sillón de tu sala, en la televisión de tu cuarto, en los juguetes de tu hijo, en el bolso de tu mujer, en la cama donde todas las noches decías que la amabas, en la bombilla que brilla cuando en los corazones de tus “seres queridos” quizá ni un cerillo tenía un espacio para alumbrar.

Sí, estáis en lo correcto, todo eso lo hace STOP DESAHUCIOS, y si tenéis una sonrisa, quizá también me “harás” persona, gracias, yo no quiero una moneda, quiero que me miréis a los ojos, quiero que os veáis en ellos, quiero que dejéis de asustaros, quiero que se defienda esta ciudad, quiero que hagan algo por todos, quiero que España se una y dejen las penas en la basura, quiero que quiten esas cosas que obstaculizan las relaciones, con la familia, con el vecino, etc….

Somos un medio para esos fines, cada uno de nosotros somos un punto de apoyo, asúmete como tal y de paso sabrás que si algo es injusto lo es para la mayoría.

Quiero que aprendan de la plataforma, quiero que se detengan un momento y vean de quién están rodeados: amigos, compañeros, una familia de verdad que te enseñan cómo vivir con todo, y sobre todo, sin agobios ni penas.

Sé que lo saben, que algo no va bien, no necesariamente para todos, pero sí para la mayoría. Créeme: tus paredes, tus candados, no son ninguna garantía, eso lo intuye tu miedo y los que te vendieron tu hipoteca, huelen el miedo y la ciudad apesta a miedo.

Esto lo escribo, creo yo, porque acabo de encontrar una salida, una ayuda desinteresada de personas dispuestas a darlo todo por mí sin pedir nada a cambio.

¡Ah! pero para esto, les tengo una buena noticia, me he encontrado más personas como yo, y no me refiero a ser amenazado, me refiero a lo que significa ser persona.

Bueno, pues ya dejaré de escribir y de hacerme pesado, ahora puedo hablar de mis otros placeres que no los podrán tocar: mi personalidad, mi caracter y mi humildad. Y quizá sí, yo tenía eso, yo tenía algo, que sé que ahí está.

¡SÍ SE PUEDE! NO MÁS VÍCTIMAS INOCENTES, NO MÁS MUERTES, NO MÁS MIEDO, SOMOS MAYORÍA, NO LO OLVIDES. ¡VENCEREMOS!

También quería dar las gracias a todas esas personas con sentimientos y personalidad: como son abogados, bomberos, fuerzas de seguridad, jueces, psicólogos, psiquiatras, funcionarios y demás personas valientes que hacen que todo sea más llevadero y que están consiguiendo con sus esfuerzos desinteresados que haya un rayo de esperanza.

Por eso vuelvo a repetir ¡GRACIAS COMPAÑEROS!

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